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Patrice Tabouret

Patrice Tabouret conocido como Pi, nació en Troyes, en Aube, el 14 de noviembre de 1967. Nacido en una familia de creadores descubrió muy pronto el mundo del arte, donde conoció a pintores y escultores de la región de la Provenza y de toda Francia.
Luego descubrió su talento y comenzó a coquetear con lo que después se convertiría en su única pasión: la pintura. Para descubrirlo mejor, comenzó a formarse, bajo la tutela de varios pintores, entre ellos Raymond Normand. A lo largo de este proceso es fundamental el descubrimiento de diferentes estilos y técnicas desde la pintura clásica hasta técnicas más contemporáneas específicas del expresionismo abstracto y el arte pop.

Su recorrido: más allá de la pintura

Pi es el hijo mayor de un par de emprendedores aventureros, Marie José y Jean Marc, pero desafortunadamente no comparten su pasión, porque "no quieren un trabajo poco prometedor para su hijo". Así que a los 17 se deja seducir por el oficio de enmarcar cuadros y la impresión de postales y sin darse cuenta se embarca, al menos durante diez años, en las aventuras y empresas familiares. Fueron muchos los fracasos y los éxitos en su vida como emprendedor, y sin abandonar totalmente su pasión por la pintura, Pi se enamora de las perlas. Fue así como se especializó en la técnica de la cerámica, que luego le permitiría destacarse dando a sus pinturas abstractas ese toque particular que hace que sus creaciones destaquen entre las demás. Sin pensar demasiado, se lanza en esta nueva actividad, creando una fábrica de perlas y botones de abalorio, La Perlerie Étincelles. Su genio creador rápidamente le permite convertirse en el proveedor de las grandes casas de la alta costura, Dior, Chanel, Lagerfeld. Cinco años después y a pesar del éxito de sus creaciones Pi no está satisfecho, siente que algo le falta.

Aventura

Un viaje que lo lleva a redescubrir su naturaleza de artista: amor, pintura y aventura.

Pi conoce a su primera y poco tiempo después a su segunda esposa, pero ellas, al igual que sus padres, no soportan su vida como artista, su fidelidad al arte, están celosas de la relación que el pintor mantiene con sus amantes: la cerámica y la pintura. Convencido de que la vida de un artista no es compatible con la vida familiar, Pi termina abandonando todo, aunque a veces son las mujeres quienes lo abandonan. Decide entonces partir, a bordo de su velero, a descubrir América, recorre las costas venezolanas y colombianas. Comparte su vida con pueblos amerindios en medio de bosques tropicales y de las tierras altas de los Andes, aprende de su convivencia con los nativos a tener otra percepción del mundo, aprende a escuchar la naturaleza. Luego de tantos conflictos con su familia, sus padres y sus esposas, de tantas rupturas con el mundo empresarial, él se descubre como un Pi creativo, un Pi que al meditar siente sus emociones, emociones que quiere expresar a través de los colores, esos mismos colores que los pueblos de la Sierra Nevada en Colombia usan para curar las enfermedades de la tierra, de la Pacha mama.

Renovando los lazos con la pintura

Luego de haber vivido muchas experiencias profundas y transformadoras, Pi decide reconectarse con su pasión original, la pintura, y para eso recargará las pilas en el museo más grande de la historia, la naturaleza, esa que ha inspirado a través del tiempo a numerosos artistas, y claro, Pi no será la excepción. Pi pinta la parte más profunda de la existencia en la tierra, esa existencia que proviene no solo de la observación, sino de la meditación, de esta fusión del ser humano y la naturaleza que él siente como un solo cuerpo. En este nuevo universo de Pi todo forma parte de un mismo ciclo, donde la salida y la llegada es lo mismo, los humano, los animales, la flora, los océanos están todos ligados al menos en este universo que él siente y que expresa a través de los colores.

Espíritu

Pi el médium del espíritu de la naturaleza

La experiencia de convivencia con estos pueblos llamados primitivos de América le permitirá revisar su visión antropocentrista del mundo, para él el hombre no es el centro del mundo ni la naturaleza está al servicio del hombre. Aprende de estos pueblos de sabios que el hombre y la naturaleza están en simbiosis y también aprende a meditar, a expresar, a interpretar a través de sus abstracciones los mensajes que ese naturaleza nos envía, Pi con su arte abstracto se convierte en una especie de médium pictórico a través del cual el espíritu de naturaleza se expresa y nos envía sus mensajes. Este lenguaje no verbal pero sensible a través del cual el hombre y la naturaleza se comunican.

Una técnica bien pensada

La técnica de Pi no es producto de la casualidad, la eligió porque representa mejor sus meditaciones y emociones, su forma única de colocar la resina les da a estas pinturas un contraste mate y brillante, por un lado el material visible, grueso y brillante de la resina permite sugerir el carácter alegre y dinámico de la pintura y por lo tanto del mundo natural y por otro lado el color multicolor de la pintura sin resina permite sugerir el carácter crudo y salvaje de este mismo mundo. La mezcla de materiales, tinta china, acuarela, óleo, acrílico, trazos, líneas, cantidades y proporciones no son dictadas por el cálculo sino por la meditación o por la emoción, dispuestas en capas sucesivas, secado tras secado, todas sus pinturas se cubren con un resina tratada, por lo tanto, respetuosa con el medio ambiente.